Libertad de expresión

El arma de la libertad de expresión

Cualquiera de nosotros podemos decir lo que queramos, ¿o no? Nos ampara la libertad de expresión, por lo tanto, ¿qué temer, verdad? Peliagudo argumento; quebradizo en nuestros días. Hay que analizarla, me temo, individualmente en cada caso en el que se enarbole como escudo ante las acciones cometidas.

Los titiriteros de Tetuán y “su” libertad de expresión

Conocemos que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y su concejala de Cultura, Celia Mayer, se libran de ser investigadas por el lamentable incidente de los titiriteros contratados por el ayuntamiento de Madrid para el carnaval el pasado 5 de febrero. Se libran judicialmente, sí, pero ahí queda su negligente movimiento, que tiene poco de liberal y mucho de irresponsable.

En el contexto contemporáneo de España, de los últimos 25 años, una actuación “para todos los públicos” donde se luce una pancarta de “Gora Alka-ETA”, se ahorca a un juez, se apedrea a un policía o se “obliga” a una mujer a auto-producirse un aborto con unas tijeras, es impresentable. ¿Libertad de expresión? No señores. Y menos en frente de niños y niñas cuya inocencia no tiene porqué ser alterada por unos señores con muy poca memoria.

Raúl García Pérez y Alfonso Lázaro de la Fuente sí que van a ser juzgados por enaltecimiento del terrorismo, merced a la admisión de la querella por parte del juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno. Mucha sangre se ha derramado en este país por un conflicto que ha sesgado decenas de vidas y truncado familias que aún siguen llorando tan magna sinrazón. España puede estar atravesando un cambio político en muchas esferas de su funcionamiento y autogestión, pero no todo vale. La libertad de expresión no lo justifica todo.

 

La comparación con la sátira de Charlie Hebdo

Oigo voces que equiparan el suceso en el barrio madrileño de Tetúan, con la barbarie acontecida en enero de 2015 en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en París. 17 muertos se cobraron los terroristas de la rama yemení de Al Qaeda, quienes dieron por cumplida una amenaza que se remontaba a 2006. ¿El pecado? Las continuadas caricaturas en las que se ridiculizaba la imagen de Mahoma y de la religión islámica, en relación con los grupos integristas que se escudan bajo esa religión.

Caricaturizar a Mahoma, en el contexto mencionado, no es comparable a lo de los titiriteros. ¿Cuántas veces se ha hecho lo mismo con la figura de Jesucristo? Nuestro país todavía tiene una dolorosa historia de sangre e injusticia latente, no cicatrizada, con sus vínculos políticos aderezados.

Por lo tanto, que a aquellos proclives a un cambio en la dirección de España, lícita y muy necesaria por otra parte, no les traicione su libertad de expresión, porque además de vérselas con la justicia, demostrarán tener muy poca memoria y muy poca humanidad.

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