No dejen de consumir información…de calidad

Nadie absolutamente en nuestra sociedad es ya ajeno a los severos cambios estructurales que los sistemas de información y comunicación han experimentado en los últimos quince años. La destructora onda expansiva resultante de la crisis financiera que asoló a Europa en 2010 y que seguimos en pos de revertir, erosionó, hasta su completa transformación, el entramado empresarial que regía los designios de este influyente ramal de la identidad nacional.

Pero no sólo afectó al tejido económico que, como bien sabe el lector, siempre ha repercutido en el tratamiento, demasiadas veces manipulado, de ciertas temáticas informativas; sino también al consumo generacional de todo aquello que este mundo en constante ebullición produce. No hay pausa. No hay sosiego ni reflexión. Todo ha de ser consumido en cuestión de segundos.

Fast Food/Fast News: Siéntese, no se acomode excesivamente, consuma y deje su lugar a otro número en la cuenta, que es lo que parece ser usted para el mundo.

Evolucionar es inherente al progreso, pero…

No se puede obviar la calidad, el trabajo bien hecho en todo servicio que prestemos o nos presten, ¿verdad? ¿O acaso estoy delirando y escupiendo vocablos ininteligibles para el resto de mortales? No lo creo sinceramente.

información periódico
Imprenta convencional

La evolución a la que hago alusión se ha llevado por medio a decenas de medios de comunicación, especialmente impresos. Periódicos, rotativos locales, revistas de todos los rincones se han visto obligados a cerrar, dado que la publicidad, su fuente de alimentación, se tornó macilenta y en declive. Surgieron de sus cenizas otros tantos soportes digitales, que vociferaron al unísono ser la nueva alternativa en rigor y credibilidad. De la mano del llamado “periodismo ciudadano”.

Pero entonces prendió la llama de la duda. Y con razón. La información que consumíamos estaba bajo sospecha. Estos nuevos medios digitales comenzaban a ofrecer síntomas sospechosos. Normal, por otra parte. No se puede pretender desarrollar un periodismo de investigación y fiable con una estructura low cost. Sin material humano, no hay periodismo. Hay lo que ha habido hasta no hace mucho, y lo que, desgraciadamente, aún perdura en el infinito universo online.

Nuevos bríos y viejas resistencias

Pero la esperanza parece brotar de nuevo. Eso sí, el dinero y la política seguirán marcando las rutas editoriales de muchos. Aunque no se engañen, aquí, en Estados Unidos, en China, en Rusia y donde quiera que piensen. Ahora bien, la tendencia apunta a una nueva apuesta por valores como la contrastación, el valor añadido y el puro interés informativo. Repasar todavía imberbes proyectos en la red como El Español, Diario Público o Libertad Digital, o de temáticos como Palabra de Fútbol, me devuelven, como periodista y usuario, las ganas de creer en una información veraz y de calidad.

Las grandes cabeceras se han volcado, empujadas por la inercia imparable de la evolución generacional, en ofrecer unos servicios multimedia a la altura de la exigencia. Y es cierto que, gracias a ello, han recuperado parte de la credibilidad perdida por su nada disimulada inclinación política e institucional. Ello se ve reflejado también, y es de celebrar, en sus maltrechas publicaciones impresas. Que aunque el número de lectores activos sea todavía muy inferior a antes de penetrar en el siglo XXI, otorgan visos esperanzadores para el futuro.

Por tanto, la calidad informativa no está perdida. Que lo sepan ustedes.

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